Leyendas y tradiciones

 

Monte de Ancos

 

  • Leyenda de Aureana. Esta vieja leyenda cuenta que en Casadelos, cerca de la cumbre del Monte de Ancos vivía un hombre viudo con sus tres hijas. Una bruja pretendía casarse con él, pero es rechazada. Como venganza, transforma a las tres jóvenes en quesos. El padre, sin saberlo, corta uno de ellos. Para escapar del hechizo, las chicas se convierten en caballos, pero uno de ellos no puede huir, pues es cojo de una pata. Es Aureana, que debe quedar allí, ahora transformada en fuente.

  • La gallina de los pollitos de oro. Cuenta la leyenda que en la noche de San Juan se ve, junto a la fuente, una gallina con los pollitos de oro.

  • El monte hueco. Dice otra que el monte de Ancos es hueco y está lleno de agua. El día que haya un terremoto o se agujeree de más el monte, saldrá todo el agua e inundará Neda.

  • Leyenda de la serpiente: Aparece en la fuente, tiene unos hermosos ojos que engañan a quien la mira y, a veces, cuenta cuentos melodiosos.

 

La serpiente del Belelle

 

Una leyenda repetida en Neda, Fene, Cabanas y otros lugares es la de una gran serpiente con pequeñas alas, que no le permiten volar, pero que pretende bajar hacia el mar, nadando por el río. Los vecinos, atemorizados, colocan en el lecho unos palos aguzados en los que se clava la serpiente y muere en medio de grandes dolores.

 

El Cristo de la cadena

 

En la iglesia de Santa María de Neda existe una gran talla gótica, inglesa, de estilo Tudor, con una cadena en el pecho, traída por un católico inglés, el capitán John Dutton, debido a las persecuciones anglicanas. La leyenda dice que vino flotando por el mar y que, colocada en la iglesia, la imagen intentó escapar hacia el mar. Recogida una y otra vez, los feligreses, al final, la encadenaron al altar mayor.

 

Las piedras de la Capilla de San Isidro

 

Cuenta la leyenda que existía en el lugar de Os Pazos de San Cidre o San Isidro un pazo y una capilla dedicada al santo, que de tan vieja y sin uso cayó o se derribó. Los vecinos aprovecharon las piedras para hacer bodegas, balados, etc. Pero todas estas construcciones se vienen abajo cada vez que son hechos, porque las piedras lo que quieren es que se reconstruya la capilla. Las imágenes de la antigua capilla están hoy en la iglesia de Santa María, y salen en procesión en la fiesta de los Pazos.

 

Fernán Pérez y las panaderas de Neda

 

Cuenta la tradición medieval que cuando Fernán Pérez de Andrade, señor de la comarca, tenía que pasar por aquí para dirigirse a Ferrol o a otros lugares, ya que Neda era el único, y por tanto, paso obligado, mandada delante de él a un mensajero que llegaba gritando: “Coced, panaderas, que ahí viene Fernán Pérez”. Y es sabido cómo le gustaba nuestro pan a este señor, y a todos, claro.

 

El demonio y las lavanderas

 

Se cuenta que en un lavadero de la Mourela, por la noche o al amanecer se escucha un canto melodioso. Los que van a mirar, engañados por el canto, encuentran al diablo, que los lleva con ellos.

 

El túnel del Monasterio de Jubia

 

La leyenda dice que entre el Convento de Jubia y Neda existía un túnel bajo la ría, que usaban los monjes para pasar el mar sin mojarse, e incluso para hacer diversas jugadas sin que los vecinos los vieran. En un tiempo había monjes y monjas, hasta que varias denuncias de irregularidades en las costumbres hicieron que las monjas fuesen llevadas al convento de Santa Clara, en Santiago de Compostela.

 

Las arenas del río Jubia

 

Se dice que desde muy temprano , por la mañana se recogen en un lugar determinado arenas, que se convierten en una “flor de agua”, de propiedades mágicas y curativas.

 

La banda de los Sopiñas

 

Existió antiguamente una famosa banda de ladrones y salteadores de caminos y casas, conocida como “La banda de los Sopiñas”, que eran gentes de la comarca, capitaneadas por un rico comerciante de Ferrol. Robaban por toda Galicia. Se reunían bajo un gran árbol en la ribera de Neda, fuera de puertas, o en el convento de Jubia, pues hay evidencias históricas de que muchos monjes, en los últimos tiempos, en realidad no eran más que bandidos.